Todas somos Verónica

Hace 2 años mi vida era muy diferente, responsable de un equipo de trabajo en hostelería. Dos de mis compañeras vinieron muy preocupadas. En unas cañas después del trabajo algunos estaban “bromeando” sobre lo guarra que era otra chica del grupo, y ellas indagaron hasta enterarse de que circulaba un video sexual de esta chica con otro de los empleados por todos los móviles de los hombres de la empresa. Él, que había sido su pareja, quería vengarse porque ella volvió con su anterior novio y la presionaba para que siguiera acostándose con él. Para cuando las chicas se enteraron, nuestra compañera llevaba una semana de calvario en el que todos la miraban riéndose, y hacían comentarios, insinuaciones sobre lo que le harían, la tocaban… Y algunas mujeres la miraban juzgándola, y no le dirigían la palabra. Fui a hablar con ella enseguida y me la encontré desecha, al borde de la desesperación. Tenía dos hijos a los que mantener y no podía dejar el trabajo pero vivía con tanto miedo de que su pareja se enterara, de que sus padres no la apoyaran, que era capaz de seguirle el juego, y no denunciarle. Realmente tuve miedo porque la vi peligrosamente al borde del abismo.
Yo tenía que actuar. Era intolerable lo que estaba ocurriendo pero no solo por el cerdo que la estaba chantajeando con su vida personal y su intimidad, sino por sus compañeros y compañeras que lo permitían y apuntalaban el maltrato. Lo denuncié ante el dueño, un hombre “progre” de unos 40 años, buen rollero, que empezó a darle codazos de complicidad al gerente. Los dos se reían y el dueño exclamó “vaya, vaya… quién iba a decir que la cocinera era tan guarra”. Debí mirarles con ojos asesinos porque los dos cambiaron completamente la expresión, y el dueño se apresuró a decir, “no me entiendas mal, pobrecita, pero ¿quién le manda grabarse? Las mujeres ya deberíais saber eso”, al mas puro estilo Fran Rivera. Le recordé su responsabilidad si no actuaba, le dije que podría enfrentarse a una demanda. Se apresuró a llamar a RRHH para despedir al cerdo. Pero para mí no fue suficiente porque allí había una piara que iba a seguir como si nada. Renuncié, convencida de que mi lugar era otro. .
#TodasSomosVeronica

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